Archivo de Octubre 2006

Muerte Natural en Venezuela

Octubre 23, 2006

Desde hace un buen tiempo he estado pensando enviar una carta al congreso, siempre dedicado a cuestiones de altura, para sugerir cambiar el significado de la expresión “Muerte Natural” en este país, tu país, mi país. Ya que si las tendencias siguen como van no tendremos que preocuparnos del SIDA ni del virus H5N5, una vacuna calibre 38 o quizás 9 mm nos librará de semejantes preocupaciones triviales.

Según las frías estadísticas los venezolanos nos dirigimos a la extinción, no gracias a un control natal derivado de altos niveles educativos o presiones profesionales, si no por el simple y expeditivo método del asesinato en masa.

Las estadísticas dejan al ciudadano de a pie impávido, tropezar con un manchón de sangre seca en la acera es tan común como hallar una moneda de 500, recemos por que no llegue a ser tan común como pisar una chapa de cerveza, por que parece que hacia allá vamos.

El famoso moño del hampa, que ya no es tal, de tanto estar suelto se me antoja metamorfoseado en una suerte de cabellera de medusa que invade todo el país impregnándolo de veneno mortal, aunque pensándolo bien ¿Quién les explicará a los antiguos griegos que las miticas serpientes de la cabeza de la gorgona ya no escupen veneno si no plomo?

Hablemos de números:

Tenemos una tasa de 40 asesinatos por cada 100.000 habitantes, siendo el promedio latinoamericano de 30/100.000.
El número de homicidios registrados entre 1998 y 2004 en Venezuela totalizó 90,027; una cifra que supera muchas guerras registradas.
Las cifras confirman un reporte especial de la Unesco: que Venezuela ocupaba en el 2005 el primer lugar en el mundo en muertes causadas por armas de fuego (22,15 por cada 100,000 personas).

Como si no fuera suficiente vivir en una zona de guerra, para completar el cuadro existe una especie de estado sitio social, las víctimas de robo y secuestro son baleadas y asesinadas a pesar de entregar el objeto del delito. Esto es el aspecto más grave de la situación, una especie de irrespeto o infravaloración de la vida está extendiendose por la población.
Nadie se sorprende por los asesinatos y enfrentamientos armados, como si de un país bárbaro se tratara. Pasan vehículos disparando a diestra y siniestra por las calles, el saldo 1 o 2 muertos por vez, nadie sabe, nadie supo, los muertos eran trabajadores o estudiantes, padres de familia y/o deportistas, o todas las anteriores.
Esta aparente falta de importancia afecta en grado sumo, es una preocupación eterna, como una gota de agua cayendo constantemente sobre uno.

Yo mismo la leer las noticias diarias sólo experimento un vago desasosiego y desinterés.
Sólo de vez en cuando, al imaginar el futuro de mi hija, recuerdo que yo a mis 33 años cumplidos estoy en el target de la bestia asesina que campa por Venezuela, y me pregunto (como me preguntaría que camisa elegir)…. ¿será que llego?.

La violencia se apodera del país, nos llenamos de armas de guerra, cuando no halla más gente a quién matar acá… saldrán afuera? Las familias se dislocan, los asesinatos entre parejas suben más que el precio del barril, las violaciones de menores y mayores son saldadas con linchamientos, la justicia está en las cárceles, métanlos a todos allá para que sepan, eso me preocupa, lo que puedan llegar a saber cuando salgan de ahí, por que salen, sin aspavientos ni taxistas millonarios, siempre salen. Las diferentes policías no pueden enfrentar al hampa, están demasiado ocupados arrestando a policias criminales y corruptos, nadie quiere meter preso a nadie no sea que salga a bailar el cacharrito recuperado que nunca volvió a manos de su dueño.

Mientras tanto seguimos acá, poniendonos las gríngolas al salir de casa, mirando Animal Planet o E! en lugar de Globovisión, leyendo sólo las revistas dominicales, Mecánica Popular y MUY Interesante en lugar de la página roja de los diarios, (que cualquier día será roja de verdad por que pasará un carro sin placas delante del kiosko donde lo compras y soltará una ráfaga que ojalá sea de monóxido y no de plomo) y así seguimos, tratando de conservar una porción razonable de cordura en esta tierra de insanía, en este lugar donde vivimos las crónicas de lo imposible.

Nota: Datos extraídos sin mucho protocolo de un artículo del diario “El Nuevo Herald” http://www.miami.com/mld/elnuevo/15650612.htm
lo demás es fruto de la agitación de mis neuronas y de nadie más